Continuando la aparentemente indetenible racha de problemas vinculados con todas las variedades artefactos voladores (incluso las cometas están teniendo problemas) un grupo de ciudadanos británicos que se preparaba para regresar a su país recibió una extraña petición por parte de los pilotos del avión de aerolíneas Thomas Cook la cual les hizo pensar dos veces si querían volar allí.

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Los pasajeros que descendían del vuelo anterior les advirtieron que no volaran y varios de ellos fueron presenciados besando el suelo. Sin embargo nada podía prepararlos para el hecho de que los pilotos les pidieran a los pasajeros que se movieran a la sección trasera del avión para ayudar a equilibrar el peso del equipaje y permitirle al avión despegar.

Esto se debía a que una de las compuertas de los compartimientos de equipaje estaba atorada, haciendo que este solo pudiese cargarse en la sección de proa desequilibrando al avión. El anuncio causo una reacción de preocupación en muchos pasajeros que se negaron a viajar debiendo comprar nuevos pasajes ya que la compañía se nego a aceptar la responsabilidad. El vuelo finalmente despegó con 115 pasajeros y aterrizó luego en Londres sin complicaciones.

Yo mientras tanto estoy empezando a tomar clases de natación para cuando decida cruzar el Atlántico y no tengo previsto subirme a nada que se eleve más de un metro del piso (montañas rusas incluidas).