Keith Cullen y Paul Wiggins, dos ladrones que irrumpieron en una tienda de bebidas alcohólicas de la ciudad de Swansea, Inglaterra, fueron encontrados por la policía al día siguiente en avanzado estado de ebriedad

Cullen y Wiggins decidieron robar la tienda durante la noche, con la intención de llevarse mercadería y luego revenderla pero fueron incapaces de resistir la tentación de probar los frutos de su crimen antes de tiempo y bebieron al punto de perder la conciencia. Se estima que entre lo que consumieron y dañaron, ambos causaron pérdidas de más de 1400 libras y estuvieron a punto de llevarse más de 700 libras en alcohol que fueron encontradas por la policía en la escena del crimen.
Cuando ambos fueron a dar ante el magistrado de la ciudad, todavía permanecían en un estado etílico tan intenso que a Cullen no se le permitió entrar al edificio. Wiggins se retiró poco después y de alguna manera ambos lograron desaparecer sin que aún se haya logrado determinar su paradero aunque el magistrado ya expidió ordenes de arresto para ambos y decidió juzgarlos in absentia.
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